Lo que más pesa en una boda es, en este orden: los traslados de los invitados, la comida y el desperdicio. Todo lo demás — el papel, las flores, los recuerdos — es real pero mucho más chico.
Por eso una boda con invitaciones digitales, popotes de bambú y ochenta personas que volaron desde otro país no es una boda ecológica. Una boda chica y cerca es lo más ecológico que existe, sin importar nada más.
Los traslados: lo que más pesa
Es el rubro más grande y el que menos se toca, porque toca la lista de invitados.
- Un solo lugar para misa y fiesta. Evita que doscientas personas manejen dos veces.
- Transporte compartido desde un punto de encuentro. Un camión reemplaza cuarenta coches, y además resuelve el problema de quién maneja de vuelta.
- Hospedaje cerca del salón, para que se pueda caminar.
- Y lo más importante y lo menos popular: casarse cerca de donde vive la mayoría. Una boda de destino es, en términos ambientales, la decisión más cara de todas.
La comida y el desperdicio
El segundo rubro, y el que más fácil se mejora sin que nadie lo note:
- Confirma bien. El desperdicio más grande de una boda es la comida de la gente que no fue. Saber el número real, y no el estimado, es la medida más efectiva y la que además te ahorra dinero.
- Menú de temporada y de la región. Sale mejor, cuesta menos y viaja menos.
- Una opción vegetariana de verdad, no la guarnición sin la carne.
- Acuerda qué pasa con lo que sobra antes del evento, con el salón. Si no se acuerda antes, se tira.
La confirmación por invitado te da el número real: cada quien dice por cuántos viene y la lista se arma sola. Es la diferencia entre pedir catering para 200 «por si acaso» y pedir para los 163 que confirmaron. Ver cómo se ve.
Flores, decoración y recuerdos
- Flores de temporada y locales. Las importadas viajan en avión refrigeradas.
- Plantas en maceta en vez de arreglos cortados. Se las llevan los invitados y siguen vivas.
- Alquilar en vez de comprar manteles, vajilla, sillas y estructuras.
- Recuerdos que se usan o se comen. El recuerdo decorativo con la fecha grabada termina en un cajón; algo comestible o útil, no.
- Nada de confeti ni globos sueltos. Los globos que se sueltan caen en algún lado.
El papel: chico, pero fácil
Una invitación de papel para 150 invitados no es lo que define la huella de una boda, pero es de las cosas más fáciles de resolver sin perder nada:
- La invitación digital no se imprime, no se manda por paquetería y no se reimprime cuando cambia algo.
- Los menús, los señaladores de mesa y el programa de la ceremonia también se pueden pasar al link: cada invitado ya tiene el suyo abierto.
- Si quieres papel, imprime pocas: veinte o treinta para los abuelos y los padrinos, en papel reciclado, y digital para todos los demás.
La comparación completa entre las dos está en digital o papel.
Preguntas que nos llegan seguido
¿Compensar la huella de carbono sirve?
Ayuda, pero después de reducir. Compensar una boda de destino sin cambiar nada más es sobre todo un gesto.
¿El vestido usado o alquilado es raro?
Cada vez menos. Y el de segunda mano suele ser de mejor calidad por el mismo dinero.
¿Cómo se lo digo a los invitados sin sonar a sermón?
Una línea en la invitación con lo práctico: el camión compartido, el hospedaje cerca. Lo que se pide se cumple; lo que se predica, no.
¿Las invitaciones digitales tienen huella?
Sí, todo lo digital la tiene. Es mucho menor que imprimir y repartir, pero no es cero.